El impacto económico de frenar la expansión de centros de datos
La reciente moratoria en Nueva York sobre nuevos centros de datos genera debate en México sobre el equilibrio entre infraestructura digital y sostenibilidad.

A finales de julio de 2026, el estado de Nueva York se convirtió en la primera entidad en establecer una moratoria oficial sobre la construcción de nuevos centros de datos, una medida que ha encendido las alarmas en el sector tecnológico internacional. Esta decisión, motivada por preocupaciones sobre el alto consumo energético y el impacto ambiental de estas instalaciones, pone sobre la mesa el dilema que enfrentan diversas naciones, incluida la nuestra, sobre cómo gestionar la infraestructura necesaria para la era de la inteligencia artificial sin comprometer los recursos naturales.
En México, la infraestructura digital es un pilar fundamental para la competitividad económica y el desarrollo del nearshoring. Analistas del sector han señalado que detener el crecimiento de este tipo de centros podría resultar en un rezago tecnológico significativo, afectando la capacidad de las empresas para procesar datos a gran escala y limitando la adopción de servicios en la nube para el sector público y privado. El reto principal radica en la alta demanda eléctrica que estos recintos requieren, la cual presiona a las redes de distribución gestionadas por la CFE.
Ante este panorama, diversos sectores han propuesto que el gobierno mexicano, a través de la SENER y la Secretaría de Economía, desarrolle una normativa clara que permita la expansión de centros de datos bajo esquemas de energía renovable. El objetivo sería evitar medidas restrictivas como la de Nueva York, buscando incentivar inversiones que incluyan tecnologías de enfriamiento eficiente y el uso de fuentes de energía limpia, garantizando así la estabilidad de la red sin frenar la transformación digital del país.
Representantes de la industria tecnológica han expresado que la falta de centros de datos locales obliga a las empresas nacionales a depender de infraestructura alojada en el extranjero, lo que aumenta los costos operativos y latencias en servicios críticos. La discusión actual se centra en cómo la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales podría colaborar con las empresas para establecer zonas de desarrollo que cumplan con criterios de sostenibilidad rigurosos, evitando los conflictos sociales que surgen por el uso excesivo de agua y electricidad.
Finalmente, el Congreso de la Unión podría evaluar en los próximos meses la creación de marcos legales que faciliten la transición energética para centros de datos de última generación. La experiencia de Nueva York sirve como advertencia sobre la necesidad de planificar con antelación, buscando un equilibrio donde la infraestructura digital sea un motor de desarrollo económico y no un factor de presión sobre los recursos básicos de la población.


